Los municipios actuales se enfrentan a un doble reto: por un lado, el incremento de incidencias asociadas a plagas y, por otro, los conflictos derivados de la fauna urbana. A ello se suma la pérdida progresiva de biodiversidad funcional en los entornos urbanos, un factor clave que debilita la capacidad natural del ecosistema para autorregularse y responder de forma equilibrada a estos desafíos.Tradicionalmente, la respuesta ante estas problemáticas ha sido mayoritariamente reactiva, basada en actuaciones puntuales que, aunque necesarias en muchos casos, suelen traducirse en altos costes económicos, resultados temporales y un goteo constante de quejas vecinales. Frente a este escenario, proponemos un modelo de Gestión Integrada con enfoque medioambiental, en el que la biodiversidad deja de entenderse como un elemento accesorio para convertirse en una herramienta estratégica de gestión municipal.Nuestra propuesta parte de una idea clara: cuanto más equilibrado y funcional es un ecosistema urbano, mayor es su capacidad para prevenir de forma natural determinadas plagas, reducir desequilibrios y disminuir la necesidad de intervenciones repetitivas o de urgencia. No se trata de sustituir las herramientas convencionales, sino de integrarlas dentro de una visión más inteligente, preventiva y sostenible, combinando diagnóstico técnico, control biológico y actuaciones adaptadas a la realidad de cada municipio.